En los vuelos de regreso de Ciudad de México a Madrid, después de varias semanas intensas de trabajo, suelo reservar un rato para ordenar ideas y sacar algunas conclusiones del viaje. Ese momento, suspendido entre dos continentes y varias horas de silencio, suele ser sorprendentemente productivo.
En esta ocasión tuve además la suerte de contar con el apoyo de nuestro compañero Felipe Masid , Director de Arquitectura e Ingeniería en Grupo Atlante España.
Durante esos días en México, además de las reuniones con clientes y colaboradores, Felipe y yo compartimos algo que muchas veces resulta tan valioso como cualquier reunión formal: largas conversaciones durante los almuerzos y cenas. Es curioso cómo, en esos momentos de pausa, uno consigue “elevarse sobre el bosque” del día a día y observar el conjunto con más perspectiva. Surgen ideas que nadie había puesto sobre la mesa, aparecen conexiones nuevas y se clarifican prioridades.
También tuvimos la oportunidad de compartir tiempo con profesionales de enorme nivel en distintos grupos empresariales —desde áreas de construcción y proyectos hasta operación o finanzas— intercambiando inquietudes, expectativas y propuestas de valor que en los próximos días iremos plasmando en negro sobre blanco.
Uno de los mensajes más repetidos en estas conversaciones fue muy claro: el coste de oportunidad de quedarse fuera de los procesos de digitalización es cada vez mayor.
Gemelos digitales, gestión documental avanzada, modelado BIM o captura de realidad mediante nubes de puntos ya no son simplemente tecnologías interesantes: se están convirtiendo en herramientas estratégicas para mejorar la eficiencia y la toma de decisiones.
En paralelo, Felipe continuó impartiendo sesiones de formación y perfeccionamiento en modelado BIM, digitalización documental y optimización de procesos de captura de datos. Ver cómo estos conocimientos generan nuevas capacidades dentro de las organizaciones es siempre una de las partes más gratificantes de estos viajes.
Después de esta experiencia, me quedo con tres reflexiones que quizá parezcan obvias, pero que conviene recordarse de vez en cuando:
• Las reuniones informales entre compañeros suelen ser extraordinariamente productivas. A veces las mejores ideas aparecen lejos de la sala de reuniones.
• Viajar con profesionales que aportan nuevas perspectivas cambia la conversación. Especialmente cuando no están inmersos en la operación diaria y pueden observar con mayor distancia.
• Preguntar y escuchar a los clientes sigue siendo la herramienta más poderosa que tenemos. Escuchar de verdad —mucho más de lo que hablamos— suele revelar las oportunidades más interesantes.
Ahora os devuelvo la pregunta:
¿Coincidís con estas tres conclusiones después de vuestros viajes de trabajo?


















